NO ME DOY... QUE NO, QUE NO... QUE SI ME JODE, LO DIGO: LO DIGO O REVIENTO.

miércoles, 16 de enero de 2013

Sábado, sabadete...

     El nirvana, el valhalla, el paraíso... se manifiesta de formas diferentes, no está establecido, cada uno tiene el suyo. Igualmente tampoco está sujeto al final de nuestras vidas terrenales; aparece ahí, a veces, con mayor o menor frecuencia. Algunos, como yo, lo conocen y anhelan volver a alcanzarlo. Yo soy muy simple, y mi paz también lo es: desde mi adolescencia he añorado la sensación de libertad, la calma absoluta y el deleite desenfrenado de un sábado por la mañana.

Esta no era, pero no habría estado mal.
     Por unos motivos u otros desde hace años con frecuencia me he visto privado de un "sabbath" de los de antaño, levantarte (a veces, a pesar de las primeras resacas) para disfrutar de la mañana interminable de sábado, desayunar en pijama, encender la tele y encontrarte con joyas de la caja tonta que oscilaban entre dibujos como el clásico  Spiderman  o  El Mago de Oz  aquel japonés (mezcla de Heidi , la psicodelia y el hentai), el  Pressing Catch  cuando aún creíamos que los gordos aquellos se metían en serio o la joya de la corona matutina del fin de semana desde la extinción de Sabadabada:  La Bola de Cristal.  Todo ello antes de descubrir quién era esa semana número uno en Los40 cuando de vez en cuando todavía ponían algo que se dejaba oír.

     La  Bola de Cristal  merece desde luego capítulo a parte. Recuerdo que mi madre arrugaba la cara, como buscando explicación a que aquello fuese un programa para niños, pero yo me considero un privilegiado por formar parte de una generación amamantada ideológicamente por Alaska y su "crew", compuesta por genios como  Juan Perro, Pablo Carbonell  o el mismísimo  Pedro Reyes.

 

     Obviamente, no pretendo encontrar programa equiparable al de los  Electroduendes  ni tan siquiera al zapping originario de hace unos años, programa de una televisión decadente en el que se resumían con bastante acierto los mejores momentos semanales... pero esperas poder disfrutar en la cama con algún espacio que mantenga tu mente ocupada por unos minutos. Ni eso...

     Mi mando a distancia suena al ritmo de mi desesperación, al que bailan  realities  horteras que muestran casas que nunca podremos comprar, gente que enseña a sus perros a cagar fuera, dibujos animados demasiado tontos, programas que se ríen de nuestra inteligencia repitiendo en bucle los episodios (como hacen A3 o Neox) y reportajes (como en Sexta3), videoclips de dudoso buen gusto tanto musical como de dirección.

     Hubo un tiempo en el que un canal emitía una programación interesante en su 90%, ahora tengo noventa canales y nada. Me planteo que a lo mejor es culpa mía, que no me amoldo al mundo real que está ahí ahora; no queda entonces más que parodiar a  Siniestro Total  y lamentarme "¡Cuánto canal y yo qué viejo!".


miércoles, 26 de diciembre de 2012

Oooh, blanca Navidad...

"¡Qué bello es vivir!" otra vez en la tele... Navidad.

     Alguno llegará y dirá, "odio la Navidad" al que solo le faltará un acompañamiento contundente de piano.

     Los villancicos son un verdadero coñazo, como los "mantecaos" últimos que quedan en la caja cuando ya se han jalado los bombones y las hojaldrinas. También es duro aguantar a algún que otro pariente de esos que solo ves cada 25 de Diciembre (fun, fun, fun). Nuestra mente es muy compleja y desarrollada como para entender el éxito de ciertas tradiciones en estas fechas... Pero es en estos tiempos cuando vemos a gente de la que el destino, este mamón, nos ha separado; nos liamos la manta a la cabeza y nos damos el homenaje merecido tras "los golpes y las flechas de la injusta fortuna"; y tenemos, unos más y otros menos, los días de descanso que tampoco vienen mal, aunque a muchos nos los cobra la resaca.

     Sí, hoy voy a ponerme tierno... la moda es decir que uno es guay, que come murciélagos y que odia la Navidad... yo, la verdad, me saltaría cualquier navidad soñada de Disney por un par de días en verano en una playita apañada con un librito y un litrazo, pero tiene su lado bueno. Y no por ello dejo de comprender a los que echan de menos a los que se fueron, ya que es una fecha propicia para acordarnos de ellos: precisamente por la belleza de la fiesta y, que conste, normalmente recordándolos en buenos momentos e incluso con una sonrisa.

     Hoy estoy pavito... el arbolito, el olor a roscón o la deprimente programación televisiva "made in Christmas" han ablandado mi crítica como el último pestiño en el plato que se mojó con los restos de champán de una copa que alguien dejó caer en la euforia de un brindis... Y al que no le guste este rollo siempre puede comer lo de siempre y ponerse a currar los días 25 y 1 (eso sí, si hay curro, pero eso es otra historia...)

¡Feliz lo que os toque a tod@s!



sábado, 8 de diciembre de 2012

The End is Nigh


     `¿Recordáis la historia que John siempre contaba de tres chinos que jugaban al Fan-Tan? A esto que entra un tipo y les grita "¡Hey, el mundo se está acabando!"; y es cuando el primero dice "Bien, entonces lo mejor es volver a la misión y empezar a rezar"; y el segundo dice "¡Diablos! Yo voy a buscar una botella de Mezcal y seis putas" y el tercero dice "Yo acabaré la partida" ´.


     Este anécdota utilizado por el hermano menos malo de Charlie Sheen en el papel de William H. Bonney (A.K.A. Billie `El Niño´) en ese western sensaciondeviviresco Forajidos Intrépidos (Young Guns II, 1990), que tanto me conmovía, siempre me ha servido para criticar a los que antes que nadie abandonan una reunión de colegas con excusas que, por una vez, yo no uso. Hoy me va a servir para hablar de un tema que desde luego está a la última (puede que nunca mejor dicho), el fin de los días.



     No tengo nada contra los "Testigos de Jehová" (excepto cuando me levantan un domingo), muy arreglados ellos, pero es triste que la primera memoria que de ellos guardo es abrirles la puerta y, tras el amable saludo al chaval de nueve años que una vez fui, oír "sabes que el fin del mundo está próximo ¿verdad?" (sólo les faltó añadir "ricura"). Desde ese momento he ido temiendo con cada vez menos convicción el tan anunciado final de la humanidad: desde leer con un cosquilleo las interpretaciones de las flipadas de Nostradamus, pensar el 6 del 6 del 96 dónde estaría alguien dando a luz al hijo de la oscuridad (bonito oximoron) con el permiso de Ozzy Osbourne, mirar al cielo buscando encontrar el posible meteorito armageddónico en cuestión o la cuadrilla en formación de ataque de ovnis invasores, ir con la tarjeta al banco escéptico a que el Efecto 2000 me haya ingresado un par de miles de euros de más...

     Pues nada, llegó el turno de los mayas y su 2012 (por cierto SPOILER porquería de película en la que no sólo no termina el mundo sino que hasta se salva John Cusack). Los cabritos, no se conforman con jodernos el 21 de diciembre, justo antes de las vacas de Navidad... ¡los muy mierdas nos ponen el puñetero Apocalipsis en viernes! Toda la semana mamando, esperando el viernes para que los plumíferos zumbados estos te cierren el chiringuito; esperemos al menos que den tiempo para un par de birritas. Sería cachondo que acertasen, la alarma de mi Iphone falla cada vez que cambia la hora y esta gente predicen el fin del mundo con miles de años de adelanto (chúpate esa Apple).

     Mucho se ha escrito sobre el esperado día en el que dejaremos de pagar facturas, acabarán los exámenes y las llamadas de Jazztel a la hora de la siesta: predicciones, pelis, canciones, libros, programas de freakis asustaviejas... pero la verdad es que el fin del mundo está ahí, en todas partes, a unos se le acaba el mundo porque pierde el Betis y a otros porque se les acaba la bombona en plena ducha invernal ¿Me he puesto muy filosófico?

     Por favor, dejad ya de tocar los huevos con el fin y arrimad más el hombro para acabar con las cosas del mundo que de verdad deberían extinguirse de una vez por todas: las desigualdades, las injusticias, como unos pocos se ríen de muchos, la falta de comprensión, solidaridad y respeto...

... ¡ o irse a tomar por culo!
 



lunes, 3 de diciembre de 2012

Contentismo y Culturalismo

     Recuerdo cuando Don Miguel (uno de mis más venerados maestros, sin duda en el "Top Five" de mis profesores) nos mostró, en la profundidad en la que el currículo de 8ºEGB permitía, las principales diferencias entre los estilos abanderados por los genios de nuestra literatura Quevedo y Góngora: Conceptismo y Culteranismo. En pocas palabras "decir mucho con lo mínimo" contra "el camuflaje de un significado en un cúmulo de significantes ornamentales hojadepárricos".

     En esta entrada de mi blog hago como en una peli de Hitchcock o como en un capítulo de The Simpsons, os hago partir hacia una dirección equivocada para contar mi historia, que en parte tiene poco (o nada) que ver, como el robo de Psicosis o la visita de Homer y su familia a Blockoland con el resto del argumento. En realidad, hoy vengo a descargar contra ese afán por clasificar, ese manera de limitarnos campos que algunos apasionan...

      A mis diecisiete años era tan fan de Guns n'Roses que si alguien me hablaba de Bon Jovi le eructaba en la jeta. Pero eso sucedía cuando aún tenía espinillas, cuando si en una discoteca ponían música comercial tenía prohibido divertirme.  Ahora, por fortuna, creo, casi no soy así... o al menos intento evitarlo: el otro día en una boda disfruté con Guetta, Amaral y Manolo Escobar.

     Pero me hace gracia, por utilizar eufemismos de vez en cuando, la peña para la que parece que echar un rato ameno sea la peor de las desgracias: lee a Schopenhauer y ni se ocurra pillar un best-seller (esos los carga el diablo). No sé, todos somos libres de que no nos apasionen ciertas tendencias y tenemos una obligación (o deberíamos) de preocuparnos por nuestro crecimiento personal: yo soy el primero que detesto el rollo reaggetonero, los programas de telecinco y la menestra en el Gin Tonic; pero dar la espalda a muchos de los placeres de la vida sólo por considerarlos populares nos hace elitistas, clasistas y, por qué no, gilipollas totales.  Vamos, con permiso de Ana y Víctor:

"Pum, pum ¿Quién es?
Kurosawa y Sartre...
Abre la muralla! 
Pum, pum ¿quién es? 
U2 y La Sexta 3...
Cierra la muralla..."


                Pero como digo, es mi manera de verlo; hay los que dicen "no dejes que los árboles no te dejen ver el bosque", pero a veces ir pensando en adentrarse en el bosque y darse de bruces con uno de los árboles frontales es un poco absurdo.  La cultura, por suerte o no, también engloba la sociedad en la que uno vive.  Y a veces crearse una subcultura alternativa es evadirte de la realidad... y no sé qué es más grave si dejarte llevar por corrientes de porquería o flotar en mundos alejados de la realidad. Además la mejor manera de no dejarse derrotar por el enemigo es conociéndolo, aunque siempre existe la alternativa de aquel colega que tenía y decía, juro que es verídico: "Yo no escucho U2 porque es un grupo para gilipollas... y si lo escucho seguro que me gusta".


martes, 20 de noviembre de 2012

Échense a un lado


     "¡Correr es de cobardes y de toreros malos..! ¡jejeje..!" es el chiste clásico que muchos usan cuando en realidad envidian que te escapes alguna vez por semana a hacer algo sano, con el sacrificio que implica, mientras ellos se atiborran a bollycaos viendo Sálvame.
     Desde que salgo a correr (unas cuatro veces por semana), desde aproximadamente tres años, no es esta la actitud más molesta que encuentro hacia "esos locos que corren": me han puesto pingando los piloto imprudentes al volante de utilitarios post-ITV, me han casi mordido perros (con amo), me han atropellado en una calle de Sevilla, me han aplaudido mofándose hordas de hooligan... pero lo que de veras me saca de mis casillas es el "homo invasorus".


     El Homo Invasorus se encuentra frecuentemente en los paseos marítimos del sur del país o en los caminitos de los parques y, lo más importante, siempre va en grupo, grupos que oscilan en número de integrantes entre cuatro y cuarenta individuos. Normalmente pasan la cincuentena y nunca se percatan de que el ancho de la vereda debería ser suficiente para sus tertulias tanto como para el paso de transeúntes ajenos a éstas.

     Cuando una persona va a 140 pulsaciones, tras treinta y cinco minutos corriendo (actividad SIEMPRE sacrificada) y se ve obligado a frenar el ritmo considerablemente (nivel Mr Bean en la escalera), usar el Turbo BOOST (opción sólo válida para el KNIGHT2000), o atravesar las huestes en plan Juego de Tronos pero sin espada, es una situación jodida; intento ponerme en su lugar, pienso en familiares o personas cercanas que podrían estar en esta situación sin percatarse, rezo a San Judas Tadeo... al final se pasa, pero jurando en arameo. Elevando el dramatismo de mis bufidos si añadimos extras "porculeros" como humo de tabaco, correas extensibles de perros, paradas en seco, cruces sin criterio o la anexión del carril bici (creo que a los ciclistas joderá incluso más).


     Es cierto, hacen uso de su paseo, para pasear (argumento que algunos ayuntamientos como el de Torroles han usado para prohibir el uso de patines ¡estamos locos!) pero en este mundo tan carente a veces de altruismo de vez en cuando podríamos mirar a otras necesidades. Pueden llevarse a cabo todas las actividades, sin fastidiarnos unos a otros: paseantes, corredores, perros, ciclistas, patinadores o voyeurs (¡qué bonito final! parece el final de una canción de Manolo García).

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Me encanta que los planes...

     Cuando me pongo traje pido una copa de balón y me siento un Don Draper de la vida; si no quiero que se me olvide algo me lo apunto en el antebrazo como para escapar de Fox-River y cuando eche una primitiva probablemente juegue la combinación 4-8-15-16-23-42... soy, como vosotros, un flipado de las series. Sin embargo en esta entrada quiero reivindicar la calidad de series ya caídas en el olvido previas al renacer del formato TV de la mano de la HBO, la FOX o el FBI.

     La verdad es que si añadimos al precio de los cines, la mierda (sí, la mierdaca) televisiva general y lo que pican los ojos cuando lees párrafos más extensos que los expuestos en las etiquetas de los botes de shampoo a la tremenda calidad de serieazas (permítaseme el palabro) como Los Soprano, Breaking Bad, The Wire, Mad Men   o alternativas cargadas de buen humor como Big Bang Theory, Entourage   o Me Llamo Earl es difícil escapar de esta moda. Tanto los guiones, las tramas, la interpretación, como detalles de carácter más secundario como las bandas sonoras o la ambientación están a la altura del mejor cine.

     Pero para echar flores ya hay otros blogs, éste es para quejarse; y yo vengo a preguntar, con dedo acusador: ¿dónde estaba el puñetero twitter y sus  guerras de series para enfrentar "Deja la Sangre Correr" y "El Enano Rojo"?¿Te avergonzabas cuando veías "V"? la "V" de verdad, Chris Peterson de "Get a Life" se merienda a Peter Griffin aun siendo de carne y hueso, ¿por qué no te bajaste el politono de "Dr Who"? La tele siempre ha estado emitiendo grandes series, con la diferencia de que antes no se era cool si las coleccionabas, no existía seriesyonkis y nadie sabía qué carajo era una temporada.

     La calidad ya existía incluso entre las series nacionales (hubo un antes de barcos y las que se avecinan), mi amigo Javi puede recitar los diálogos de "Verano Azul", la única serie que ha visto (grande su filosofía totalmente inimaginable en nuestros tiempos de discos duros y subtitulos: "¿para qué ver otras si ésta me gusta?"). Ahora el mercado es tan extenso que incluso ponemos a un Resines haciendo de Resines para mearse en la memoria del divino Sam Malone.

     Si me pongo a rememorar en plan "Un, Dos, Tres" podría citar del tirón decenas de series de ésas que cuando veías eras un horteras y, de ponerlas ahora el plus, serían carne de gafapasta y campo de sembrado para Emy´s (lo mismo ganaron alguno pero no salía en las noticias, a lo mejor también porque las noticias eran de verdad), "Twin Peaks", "Infelices para Siempre", "Hill St Blues" y si os ponéis tontos os cuelo hasta el "Equipo A" (todos nos hemos creído alguna vez Hannibal, M.A., Fénix o, en mi caso, Murdock).

     Como coda: una muestra de lo educativo de las series de antaño, valor perdido: un rápido cursillo de metrosexualidad de la mano de los chicos de la serie británica "Bottom"...







sábado, 3 de noviembre de 2012

JALOGÚÍN


     La otra noche llegaron a mi piso dos mini-intentos de draculines gritando "truco o trato", mi falta de previsión hizo que les diese un par de magdalenas, aun intrigado por el posible truco en esta ridícula importación... por las calles, huevos rotos en paredes, niñas disfrazadas de "ladies-gagas", tíos con careta gritando... vamos, tan flipante como (a mi edad) el tren de los escobazos...


     No soy un tipo tradicional, ni lo quiero ser.  Pero desde luego, prefiero recordar las costumbres que mis padres y abuelos disfrutaron a traerme las de los McClaw o los "yo-no-sé-qué" de "yo-no-sé-dónde", y no quiero parecer cerrado, retrógrado o, mucho menos, xenófobo por anteponer lo de toda la vida.  Porque un servidor pasa de semanas santas, "san fulanos" y otras verbenas de diversa índole pero las entiendo, y las respeto; me parece mucho más colorido y respetuoso a nuestra cultura que traigan los regalos navideños Sus Reales Majestades de Oriente (por mucho que las monarquías tampoco me emocionen, quitando "El Rey León" y "King Afrika"), por mala y tardía que sea la fecha, a que nos los traiga un gordo de dudosa gracia, invento de la Coca-Cola.


     Cada día se ataca más a lo tradicional: el fútbol es el opio del pueblo, en la feria cada vez hay más casetas privadas ,los sanfermines, una barrabasada... hasta el jamón, chungo para las embrazadas. Y esto no me jode, lo que me fastidia es que para arreglar todo lo erróneamente tradicional traemos mierdas peores de otros países: como disfrazar a chavalines de difuntos para mendigar golosinas de puerta en puerta. No sé que habrá en contra de respetar a los que se fueron con elegancia como se venía haciendo hasta los años A.G. (antes de la globalización).


     Cierto que cada vez me es más fácil molestarme por todo y más difícil entender cosas nuevas, pero ya lo digo: soy de espíritu abierto, y probablemente me resultarían más simpáticas este tipo de adquisiciones si, para adoptarlas, no hubiese que tirar por tierra todo lo nuestro. Queremos quitar el castizo reclamo turístico que supone el toro de nuestras carreteras y no nos importa llenar centros históricos de luces de neón, Burguers y Pizzerías (¡ojo! dos de mis pasiones). Consideramos muchas de nuestras costumbres violentas y regalamos a nuestros hijos masacres de la talla de Resident Evil's y Call of Duty's (eso sí, si se portan bien). No sé, a todo le falta un poco de cabeza, incluso a lo que digo... porque ni me vuelve loco lo que defiendo ni me fastidia tanto lo nuevo, es más, me gusta... lo que yo te diga: quejarme por quejarme.

     ¡Pero me revienta lo tontos que somos a veces!