Tengo treinta y seis años (¡cualquiera
lo diría!) y hoy he vuelto a hacer selectividad.
Como profesor, pedí custiodiar a mis
alumnos a la dichosa prueba. Anoche me costó dormir, me he
despertado con una llaga en la boca y mi estómago no soportaba
desayuno alguno. Los nervios por la mala organización del principio,
los que no llegaban, qué caerá en cada examen... lo dicho, hoy,
diecinueve años más tarde (creo) me he presentado de nuevo a ese
fatídico examen.
Cuando se dirigían al examen de la asignatura que imparto estos chavales, y perdonadme que
generalice en masculino genérico (sin equis, arrobas u otro remedio
de ambigüedad sexual lingüística), me puse a escuchar el The Freewheelin´
Bob Dylan mientras asomaba un brillito sensiblero debajo de las
gafas de sol: no sé, una falacia patética de su madurez, o de la
mía. Ese cambio que "is gonna come"...
Quería mandar fuerza positiva a todos
estos personajes llenos de ilusión que sufrían dentro de esas
(j)aulas a treinta y pico grados; genios de la literatura capaces de
conmover mediante ensayos tan profundos como "Pizza or Salad",
estrellas del deporte con la habilidad de desequilibrar un marcador a
las 11.45 (sobre la campana del final del recreo), músicos de
minorías menores, sindicalistas brillantes a la hora de cambiar una
fecha de examen... trabajadores, nuestro futuro, ése tan incierto
que nos apunta. Ese futuro cabrón al que éstos cogerán por los
cuernos y domarán en una España antitaurina o entre verónicas y
albero, da igual.
Estoy harto de venir escuchando "¡Cómo
está la juventud!", desde que me tocaba, y yo digo en este
texto a veces carente de sentido pero lleno de alma (os lo juro) que
hay días en los que yo pienso (ignorando modas, vicios o
pintas y pensando en una enorme mayoría)"¡cómo está la juventud!" lleno de orgullo,
esperanza y tranquilidad, como hoy.
(Dedicado a todos los que os enfrentáis
a la selectividad, primer escalón de muchísimos; especialmente mis
BS21 y BTC21 del I.E.S. Mare Nostrum) ¡Suerte!