No soy el más patriota, en una
escala de cero a diez me consideraría "un dos español"
pero cuando Fernando Torres se la cruzó a Buffon, casi como hizo hace
cuatro años al meta alemán, sabía que ya estaba todo listo: tres a
cero en el noventa. No me simpatiza enormemente el de "Fuenla",
tampoco es la roja mi pasión futbolística (me emociona más la
verde), pero sentí una gran satisfacción de ver de nuevo ahí, en
lo más alto, al deporte español, el que, por ahora, nos representa.
No creo que haya que celebrar a
pulmón abierto (si es que esta expresión significa algo) el ser
español: país abanderado en desinformados, engañados, liantes y
chapuzas... pero por noventa minutos los parados, pisoteados
laborales, engañados bancarios, aburridos de injusticias de los
españoles no pensaron más que en los taconcitos de Ramos o los
sprints de Alba. Es cierto que hace años se aprovechó de la falta
de cultura de muchos para alimentar con chicuelinas y copas de Europa
(en BLANCO y negro) la permisividad del pueblo ante una dictadura más
clara que la que estamos observando ahora. Hay quien dice que hasta
la muerte de Manolete sirvió de cortina de humo, tipo "Wag the
Dog", para tapar la explosión de un polvorín militar en Cádiz.
No son los mismos tiempos: vivimos
en una (dicen) democracia o una dictadura con opciones (según parece
en muchas ocasiones) pero al menos la gente no es inconsciente de la
gran mayoría de abusos a los que nos exponemos... una clase de tenis
al número uno de la ATP por parte de Don Rafael Nadal o un partido
épico de las selecciones de Íker o la de Gasol es una satisfacción
momentánea, un éxtasis del entretenimiento deportivo y, por
minutos, por horas, por una noche, un bálsamo a primas de riesgo,
bancos centrales europeos, EREs, ERTEs e "hijoputadas"
varias.
Muchas veces los mismos que se
quejan de la desmesurada importancia que se le da al deporte, son los
que se contradicen criticando que se festejen estos acontecimientos,
en parte, ajenos a los recortes en sanidad y educación por ejemplo.
Un bando grita "fachas", otro "antipatriotas",
"pan y circo", "perroflautas"... divide et
impera.
Con esto no exculpo a los que
hacen que un panfleto deportivo sea el periódico más vendido en
este estado, ni a los que no se plantean la monarquía más allá de
la soberanía de la televisiva "princesa del pueblo".
Pienso en los que saben lo que hay y por lo menos les sirvió
de merecido alivio momentáneo: ahí es donde canto el gol de Iniesta,
salto con el séptimo Roland Garros en "giñolandia", alzo
el puño al podio de Alonso y su Ferrari (?), disfruto viendo como
Lorenzo y Pedrosa se rifan a ver quién es el más león del circo de
MotoGP... y canto al ritmo de Manolo Escobar "¡Que viva España!".
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